Espiritualidad, invitada

¡El gran reto con querer ser santo y una oración para Pascua! – Por Carmen María Sterling Loyola.

Hay un equívoco frecuente en la idea de “querer ser santo”: convertir la santidad en un proyecto personal. Como si se tratara de una meta que se alcanza a fuerza de disciplina, acumulación de méritos o una forma más elevada de reconocimiento.

Pero la santidad no funciona así. No es un espacio de logro individual ni un escenario de gloria propia.

La santidad comienza, sí, con la entrega personal a la voluntad de Dios, pero su centro no está en el esfuerzo humano, sino en la gracia.

Uno puede decidir intentar hacer el bien, ordenar la vida, buscar la virtud; sin embargo, la perfección de las obras no depende de esa voluntad, sino de la acción de Dios en el alma.

Hay una desproporción inevitable entre lo que el hombre intenta y lo que Dios realiza. Por eso, la pregunta no debería ser cuánto hay que esforzarse por ser santo, sino en qué debe consistir ese esfuerzo. Y la respuesta es más sencilla —y más exigente— de lo que parece: esforzarse por amar.

«La santidad comienza, sí, con la entrega personal a la voluntad de Dios, pero su centro no está en el esfuerzo humano, sino en la gracia.»

Carmen M. Sterling Loyola.

Cuidar el corazón es lo primero. Vigilar la intención, sostener una disposición interior recta, despojarla de vanidad, de cálculo, de esa inclinación sutil a apropiarse incluso de lo bueno.

Lo segundo es vivir los sacramentos, no como prácticas accesorias, sino como el lugar real donde esa gracia se recibe y se renueva.

«…la pregunta no debería ser cuánto hay que esforzarse por ser santo, sino en qué debe consistir ese esfuerzo. Y la respuesta es más sencilla —y más exigente— de lo que parece: esforzarse por amar.»

Carmen M. Sterling Loyola.

Por lo demás Confiar. Hacer bien lo que toca. Y, si se quiere, incluso poner buena música mientras se trabaja.

Y para amar bien, comencemos por orar juntas esta Pascua…

Tú, Dios mío, mi Señor, que me has dado la vida, que me has protegido en la noche, que me has dado todo cuanto he pedido. Tú, que dominas los mares y te extiendes sobre la tierra entera. Tú nos has dado a tu Hijo para poder ver tu rostro.¿Cómo puede el polvo presentarse ante Dios? ¿Cómo puede la criatura tocar al Creador? Y, sin embargo, tanto te ansío, tanto te necesito.

Estamos inquietos, Señor. ¡En la Santa Eucaristía te encontraré! Tú sabes cuándo es mi tiempo para la madurez y la cosecha. La semilla ya la llevo dentro. Pongo en tus manos a mis hijos, puestos primero bajo el manto de tu Madre. A mi esposo lo pongo bajo la tutela de San José. Y a mí, al servicio, como el buey o el burro en el portal de Belén. Permíteme aprender de los animales a ser trabajadora y muda.

Dios mío, hazme mansa y humilde de corazón para poder cuidar las vidas que me has encomendado. Solo Dios sabe los tiempos de la cosecha. Tenme, Dios mío, en el predio de María, y a San José por mi jardinero. Abóname con tu gracia para que a su tiempo, de fruto. Amén.

Carmen María Sterling Loyola.

*Escrito inspirado en la lectura de la exhortación apostólica: Gaudate et exultate, del Papa Francisco.

*******************************************

¡Gracias de corazón a Carmen, por su hermosa reflexión y prontitud para colaborar en este blog, compartir su sabiduría y una hermosa canción!

¡Te esperamos pronto de nuevo Carmen! 😘🙏🏻

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *