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¡Cuando la oración no es lo último que puedes hacer, sino lo que más puedes hacer!
La vida puede cambiar en unos segundos y lo vivimos una tarde mientras una amiga muy querida estaba en mi casa con su esposo, compartiendo un delicioso pozole cocinado por ella. Al despedirnos, mi familia y yo nos dispusimos a comer, a jugar juegos de mesa y a disfrutar de una tarde juntos…hasta que entra el mensaje de su esposo: una ida urgente al hospital con su pequeño.
Todo sucedió en unos breves instantes y los corazones de este hogar se detuvieron para lo que siempre podemos hacer, sobretodo ante situaciones inesperadas: ¡ORAR!
Porque si hay alguien que tiene tiempo suficiente – toda una eternidad, de hecho – para escuchar nuestros llantos, lamentos, reproches, así como nuestro agradecimiento y deseos más profundos; es Papá, es Dios.






Hay segundos que no se pueden perder y la oración nos dispone para arder con esperanza y más calma. La vida nos puede tomar por sorpresa. El panorama de tu tarde, o tu día, o tu agenda, puede tornarse de cabeza cuando menos lo imaginas. Y la vida puede llegar como una sacudida en oleadas inesperadas de dolor, incertudimbre, enfermedad o quebrantos…
«La oración nos dispone para arder con esperanza y más calma.»
Mi corazón estaba dividido: tenía a mis dos niños en el parque andando en bici a toda velocidad, después invitándome a quitarles la pelota, mientras el corazón me explotaba por ir a toda prisa al hospital y abrazar a mi amiga.
Todos detuvimos el juego unos instantes y nos sentamos a la orilla de la pista de bici, para volver a orar. Mi niño más grande me sorprendió tomando la iniciativa con su decenario en la mano: “Dios te salve María, llena eres de gracia…”




Y ahí sentados continuamos suplicando por este pequeño y su familia. Algunos grupos de mamás y de la iglesia se unieron en oración. Al ver las manitas del emoji sumando en súplicas llenaba la tarde de aliento y esperanza. Porque es tan cierto que nunca vamos solos surfenado nuestras batallas:
«Me rodeas por detrás y por delante, tienes puesta tu mano sobre mí.»
Salmo 139,5.
Esa tarde muchos queríamos recordar que Papá Dios tenía su mano firme y bien puesta sobre este pequeño y su familia, y no pensaba quitarla. Lo expresa tan profundo Ann Voskamp: “Nos convertimos en amor cuando oramos y presentamos las cargas de los demás con amor.”
Todos necesitamos en estos tiempos ser confortados por el único amor que puede sostener tanto caos, bañarnos de inesperada gracia y gestar nueva vida contra toda incertidumbre. Porque el amor y el dolor nunca se separarán y tenemos que encontrar maneras de seguir andando con todo el amor, a pesar del dolor.
«Nos convertimos en amor cuando oramos y presentamos las cargas de los demás con amor.»
Ann Voskamp.
Cuando de verdad sabes, porque así lo has experimentado aún en medio del dolor que: Dios y sólo Dios tiene puesta tu mano sobre ti, entonces puedes ir y juntar tus manos para orar por alguien más… y pedirle a Dios que tenga también puesta su mano sobre aquella persona que está sufriendo, que está enferma, que está enojada o alejada de ti y de Él, o que está tan confundida y dolida, que ha dejado de orar, que ha dejado de amar.
Lo escuchamos incluso en la vida de grandes santos, cómo ese dolor, esa enfermedad, esa inquietud por algo más; fueron invitaciones para ir más profundo en experimentar el inagotable amor de Dios, ahí donde menos lo esperaban, ahí donde menos lo imaginaban.


«Todos necesitamos en estos tiempos ser confortados por el único amor que puede sostener tanto caos, bañarnos de inesperada gracia y gestar nueva vida contra toda incertidumbre.»


Lo escribí en el libro de la Danza de la mariposa, pero el corazón lo sigue ahondando profundo…
«Cuando el gusanillo cree morir, Dios crea una mariposa.
Cuando las fuerzas faltan, es tiempo para orar y arder en esperanza.
Dios nos da la oración para elevar el alma y unirse a Él con todo el corazón.
La noche llega con buenas noticias, este pequeño va despertando, el corazón se alegra, se aligera y festeja el poder de la oración en comunidad.
«Cuando las fuerzas faltan, es tiempo para orar y arder en esperanza.»
Su mano puesta sobre cada uno de nosotros y nuestras manos buscándole a Él, una oración a la vez.
Que este mes del Rosario, nos unamos aún más a hacer oración los unos por otros.
¿Te unes?
Con gran cariño, estás en mi oración.
Mariana López.
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Si no sabes por dónde comenzar a orar, aquí te comparto algunos recursos:
2. Oración Contemplativa en comunidad (da click sobre las letras)
3. Dos hermosas canciones con las que puedes orar y cantar:
4. Orando para que este libro de la «Danza de la mariposa», siga acompañando y transformando tu propio corazón para ir más plena, libre y ligera en tu danza. 😘🕯️🙏🏻

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