Espiritualidad, invitada

¡El peso de querer hacerlo todo bien! – Por Ana Saldívar, de Pez de Papel.

¿Cuántas veces has terminado el día con la sensación de que hiciste muchísimo y, sin embargo, no hiciste suficiente? Es innegable que hoy vivimos bajo una presión insostenible. Hay presiones que vienen de fuera, pero llega un momento en que las hacemos nuestras.

Ya nadie necesita exigirnos: nosotras mismas nos convertimos en nuestras mayores supervisoras. Queremos todo, y queremos cualquier cosa que brille, que nos llama la atención, que nos llena la mirada.

Y así vamos por la vida cargando o arrastrando cargas demasiado pesadas, que terminan por abrumarnos y enfermarnos, física y espiritualmente.

Cargamos de todo: expectativas, sueños, heridas, decepciones, injusticias, planes, personas. Cargamos todo lo que vamos encontrando porque todavía no hemos descubierto del todo quiénes somos, nuestra identidad más profunda.

Muchas podrían decir: “Pero si soy doctora, maestra, cocinera, deportista, esposa, ama de casa… mamá”. Y sí, todo eso forma parte de nuestra identidad: lo que hacemos cotidianamente y los compromisos que hemos asumido con otras personas.

Aun así, hay algo más profundo que habla de nuestra identidad. Algo que hemos olvidado y que, me parece, es una de las razones por las que terminamos imponiéndonos cargas demasiado pesadas.

«Hay algo más profundo que habla de nuestra identidad.»

Ana Saldívar.

He visto un patrón en varias mujeres cercanas a mí que son mamás. Muchas de ellas, a pesar de hacer esfuerzos sobrehumanos para educar a sus hijos de la mejor manera posible, se preguntan si lo estarán haciendo bien. Entonces empiezan a revisar cada área de su vida: los hijos, el esposo, la casa, el trabajo, las amigas, la iglesia, su cuerpo, etc.

Después de todo, es bueno preguntarse si estamos haciendo algo tan importante como formar una familia y educar a nuestros hijos. Es bueno detenernos, revisar nuestra vida y preguntarnos hacia dónde vamos.

El problema que yo veo es la manera en que muchas veces hacemos esa revisión: como dictadoras que nunca están conformes, que buscan la perfección y nunca la encuentran. Siempre hay algo mejor, siempre hay algo más que hacer.

Y, sobre todo, lo hacemos como si fuéramos responsables de todo. Como si tuviéramos la capacidad de controlarlo todo: las enfermedades, la economía, los pensamientos, las reacciones de los demás, el futuro…

Al final caemos en la tentación inicial: creer que podemos controlarlo todo, decidir qué está bien y qué está mal, ser completamente independientes y autónomas. Y esta es una de las mentiras que más nos hacen sufrir, porque va en contra de nuestra identidad más profunda, nuestra identidad primera.

No somos personas completamente autónomas ni independientes de todo y de todos. Nos hemos acostumbrado tanto a organizar y vivir como si todo dependiera de nosotras que hemos olvidado que somos hijas.

Hijas que necesitan ayuda. Hijas que pueden pedir. Hijas que pueden descansar. Hijas que no tienen que saberlo todo ni poder con todo.

Somos criaturas, personas frágiles, en crecimiento, bajo cuidado, que necesitamos ayuda y que, sobre todo, hemos sido hechas a imagen y semejanza de Dios.

«Somos hijas.
Hijas que necesitan ayuda.
Hijas que pueden pedir.
Hijas que pueden descansar.
Hijas que no tienen que saberlo todo ni poder con todo.»

Ana Saldívar.

Somos hijas amadas del Padre.

Conocer la historia de la Salvación que nos narra la Escritura es algo precioso, porque podemos descubrir justamente ese camino por el que Dios se nos ha revelado y ha querido entrar en diálogo con nosotros, hasta enviarnos a su Hijo Unigénito: Jesús.

Jesús pasó su vida revelando al Padre. Nos habló de que tenemos un Padre en el cielo, nos mostró cómo es Él, qué es importante para Él, cómo hablarle y, sobre todo, cómo llegar a Él.

Hoy muchos nos hablan de Dios: las series, las amigas y familiares, pero solo Jesús en los Evangelios nos cuenta quien es el Padre. Si quiero conocer al Padre, tengo que mirar a Jesús. Si quiero conocer a Jesús, tengo que entrar en los Evangelios. Y si quiero que esa relación transforme mi vida, tengo que aprender a permanecer en su Palabra.

Por eso es imprescindible conocer la Biblia, leerla, estudiarla y orar con ella. No es un lujo ni algo opcional. Dios se revela de muchas maneras, pero en la Escritura nos ha dejado una forma imprescindible de conocerlo. Si no la conocemos, nos falta algo. Vamos a tientas, nos confundimos y terminamos construyendo nuestra propia imagen de Dios.

«…si quiero que esa relación transforme mi vida, tengo que aprender a permanecer en su Palabra.»

Ana Saldívar.

Es la Palabra de Dios la que nos ayuda a comprender quién es Él y quiénes somos nosotros: hijas amadas del Padre.

Y cuando descubrimos que somos hijas amadas, todo cambia.

«Si quiero conocer al Padre, tengo que mirar a Jesús. Si quiero conocer a Jesús, tengo que entrar en los Evangelios.«

Ana Saldívar.

Esa revisión de nuestra vida que mencionaba antes ya no tenemos que hacerla como dictadoras, sino como hijas. Podemos comenzar a sentir la mirada del Padre: una mirada que nos anima, que nos corrige con amor, que nos sostiene y que nos ayuda. ¡Que hace casi todo por nosotras!

Tal vez así tratas tú a tus hijos: con amor, con paciencia, proveyendo comida, casa, vestido, educación, cariño, juguetes… y muchas veces hasta haciendo por ellos lo que les tocaba porque se quedaron dormidos.

Si tú eres capaz de mirar a tus hijos con tanto amor, ternura y misericordia, ¿crees que el Padre te mira de una manera menos amorosa? ¡Él es el Amor!

No tiene otra mirada hacia ti más que una mirada de amor. ¿Cómo no va a ayudarte?¿Cómo no va a proveerte lo necesario? ¿Cómo no va a darte al Espíritu Santo?

Tal vez lo que nos falta no es esforzarnos más, sino permitirle ser nuestro Padre. Darle espacio para que Él actúe. Aprender a descansar en su paternidad. Y convertirnos, poco apoco, en testigos de todo lo que Él hace y ha hecho por nosotras.

Nos hemos acostumbrado tanto a organizar y vivir como si todo dependiera de nosotras que hemos olvidado que somos hijas.

«Tal vez lo que nos falta no es esforzarnos más, sino permitirle ser nuestro Padre.»

Ana Saldívar.

Empieza por conocerlo.

Por eso quiero invitarte a algo muy sencillo: conoce al Padre a través de Jesús.

Atrévete a tomar los Evangelios y leerlos todos los días, aunque sea un pequeño fragmento.No tienes que hacerlo perfecto. No necesitas entenderlo todo de inmediato.

Empieza. Lee. Detente. Escucha. Habla con Él.

Y si puedes, lleva un diario de oración. Escribe lo que piensas, lo que te inquieta, aquello por lo que quieres dar gracias y las preguntas que llevas en el corazón.

Con el tiempo podrás mirar hacia atrás y descubrir cómo Dios te ha respondido, cómo hahablado a tu corazón y cómo poco a poco lo ha ido transformando.

No tienes que cargar sola con tu vida. ¡Tienes un Padre!

Si quieres empezar a hacer de la oración y de los Evangelios una parte más concreta de tu día a día, he preparado recursos precisamente para acompañarte en ese camino.

Puedes conocer los diarios de oración que tenemos disponibles en Pez de Papel, pensados para ayudarte a detenerte, escribir, orar y hacer espacio para Dios en medio de tuvida cotidiana.

«No tienes que cargar sola con tu vida. Tienes un Padre.»

Ana Saldívar.

O acercarte a los Evangelios como una verdadera oración a través del curso Hacia el Corazón de Jesús, creado para ayudarte a entrar en la Escritura, conocer a Jesús y descubrir al Padre que Él nos revela.

Te invito a conocerlos y elegir el recurso que más te ayude a comenzar.

Porque quizá el siguiente paso no sea hacer más, quizá sea detenerte, soltar un poco el control, abrir el Evangelio y dejar que tu Padre te recuerde quién eres.

Antes de pensar algo sobre ti, antes de mirarte al espejo, antes de comenzar a exigirte una vez más, toma unos segundos, respira profundamente y pídele al Padre la gracia de verte como Él te ve.

Verás que, poco a poco, podemos dejar a un lado las actividades que están de más, las cargas, las expectativas y el control, y comenzar a vivir con libertad: Con la libertad de las hijas de Dios.

Con cariño, Ana Saldívar.

**********************************

Puedes conocer más sobre todos los recursos hermosos que tiene Ana, a través de Pez de Papel.

Pez de Papel (web) – Da click

Cursos Pez de Papel – Da click

Instagram: Pez de Papel

¡Gracias de corazón Ana, por sumar con este hermoso escrito! ¡Vayamos a abrir más nuestras Biblias, ser hijas y encontrarnos con Jesús! 😘🙏🏼🤍

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *