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Parte 1 – ¡Nombrar un nuevo año: el tesoro que quieres descubrir y llevar contigo 365 días o más!
Lo primero que nos dice nuestro sabio acompañante, al entrar a Ejercicios Espirituales, es esto:
«Jesús es un tesoro, le ha cambiado la vida a millones de personas y si tú tienes apertura, también puede cambiar la tuya.» -Luis Valdez SJ.
No dudamos por un momento en abrir y compartir lo sedientos que venimos todos los ejercitantes, buscando y perdiendo a veces el rumbo para encontrar el verdadero tesoro. Hay muchos caminos, hay muchas distracciones y ruidos (internos y externos), hay mucha confusión y desolación. Y puedes llegar al final del año algo perdido sobre Qué o a Quién está buscando realmente tu corazón, a dónde apunta tu vida.
Y en este inagotable misterio que es Dios, nos adentramos varios peregrinos, comenzando por hacer silencio interno y externo. Ocho días que piden dejarlo todo y estar aquí, en búsqueda y encuentro con el verdadero tesoro…








La entrada al silencio es paulatina. Bien sabe nuestro sacerdote y guía que estos días requieren disciplina: «ponerte tú mismo, límites positivos, para lograr lo que quieres.»
Cada día luchamos -internamente- por ir acallando los ruidos del padre de las «mentiras», y seguir el ejemplo de San Ignacio de Loyola, para aprender a escuchar la voz del único Padre que habla verdad y hay que atesorar.
«En esto consiste el AMOR: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos AMÓ y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.» 1 Jn. 4,10.
Entrar a este gran AMOR, requiere reconocer nuestra pequeñez, nuestra humanidad rota, sedienta, lastimada y necesitada de un AMOR que viene primero y te elige; antes que exigirte nada.
Lo expresé en el libro de la Danza de la Mariposa y lo sigo confirmando: «Dios no es una teoría que aprender de memoria o recitar cada domingo. Dios es una experiencia que, bien vivida, transforma tu vida.»
¡Y Dios sale al encuentro de todos!
Él primero.
Personal y cercano.
Él primero.
Recordándonos que «nada puede separarnos de su amor.»
Él primero.
Para abrazarnos ahí donde estamos, ahí como estamos. E invitarnos a una nueva relación, revelación y comunión con Él.
Él primero.
Porque este amor es grande, generoso, sorprendente, verdadero y para siempre.




«Entrar a este gran AMOR, requiere reconocer nuestra pequeñez, nuestra humanidad rota, sedienta, lastimada y necesitada de un AMOR que viene primero y te elige, antes que exigirte nada.»




Como veo que no hay por dónde ganarle a este amor «primero» y que le estorba mi vano perfeccionismo para dejarle entrar y escucharle bien, me relajo.
Mi experimentado acompañante me recuerda dejar a un lado todas las inquietudes y situaciones por resolver, para estar… simplemente estar con el amigo que es un tesoro y tanto nos AMA.
Cuando todas nuestras vanas defensas caen, nuestras distracciones se esfuman, las mentiras se van acallando; es ahí donde mejor estamos dispuestos para un verdadero encuentro.
Comienzo a escucharlo, a sentirlo, a vivirlo.
Jesús, el rostro más sublime de Dios, hecho hombre.
Lo humano y lo divino en comunión, sin nosotros saberlo o entenderlo.
«Y cuando todas nuestras vanas defensas caen, nuestras distracciones se esfuman, las mentiras se van acallando; es ahí donde mejor estamos dispuestos para un verdadero encuentro.»
Entonces puedo estar con el Amigo, siendo testigo de su mirada hacia la gente enferma igual que yo (del cuerpo y/o el corazón), sus gestos tan incomprensibles para otros judíos, pero llenos de Reino y comunión al sentarse a comer con el más pecador y/o rechazado de ese tiempo; como un cobrador de impuestos.
Lo acompaño con mis propios errores o los que otros han cometido, pues todos en la mesa necesitamos esa mirada compasiva y comprensiva, que sólo Él puede dar.
Toco el manto de Jesús, junto a la hemorroisa y tantas mujeres de mi camino, que han olvidado lo que es estar llenas de vida, dar vida, celebrar la vida, acoger la vida, o simplemente cuidar la vida como el don más valioso que nos confiere a toda mujer.
Veo a Zaqueo bajar del árbol. Qué gozo sentir que alguien no te rechaza por lo que haces o no, y ve más allá, intacta, la capacidad de cada ser humano de cambio y redención. Y esa «culpa sana» que mira al futuro, puede reparar y expresar: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo.» (Lc. 19,8). Sólo porque ha experimentado primero, lo que es ser AMADO.
Voy al pozo, junto con la Samaritana. Llego como ella, sedienta, buscando agua humana que jamás saciará mi verdadera sed de aprobación, o relaciones que no rompan la confianza, el respeto, el amor. Veo esos intentos de perfeccionismo y exigencias que me han dejado aún más sedienta el alma. Me atrevo a expresar junto a ella: «Señor, dame de beber del agua viva, para que no tenga más sed» (Jn 4,15)…y ya no busque en otros, lo que sólo viene de ti.






¿No es todo esto lo que el corazón más anhela?…
¡Un Reino que nos permita SENTIR y SENTIRNOS HERMANOS!
¡Un Reino que nos permita SER y SER HUMANOS!
Jesús humaniza a las personas más rechazadas, «indignas», «olvidadas», «marginadas», incluso a las «perfeccionistas» como yo. Y lo hace con su vida, con su cuerpo. En una mirada, una palabra, un gesto cercano que invita a la mesa de comunión, para la que todos hemos sido creados.
El corazón escucha por la noche cantos, oraciones, alabanzas. Somos cinco grupos en la inmensa casa de Ejercicios, en Puente Grande. Y cada uno va encontrando su comunión que trae de vuelta el verdadero tesoro al centro de la vida.
«Jesús humaniza a las personas, y lo hace con su vida, con su cuerpo.»
Los días transcurren en este encuentro y los rostros de todos los buscadores se van transformando, el corazón se va suavizando, y el alma derrama lágrimas que limpian y purifican para recibir más del tesoro.






Pero aún quedan unos últimos días, los de la batalla más fuerte ante la pasión, muerte y resurrección. Porque todo tesoro lleva un precio que pagar. Y el verdadero tesoro, le ha costado a alguien darlo todo…y a nosotros dejarlo todo.
Nuestra alma como la de Jesús, aprende estas trampas del mal espíritu, que pueden alejarnos del rumbo antes de encontrar el tesoro…
Si únicamente tu vida gira entorno a las riquezas pasajeras que la tierra te ofrece: poder, dinero, ropa, puestos prestigiosos, viajes exóticos. Te pierdes en el más y más, que te aleja más y más de Él y de lo que en verdad importa.
Si sólo te buscas a ti mismo, y no puedes ver más allá de tu ego o tu nariz, te pierdes de la verdadera dicha que es «dar la vida», «morir para vivir» , «ser para enriquecer tu entorno».
Y si en esa búsqueda de aprobación, no puedes (o te cuesta como a mí también) enfrentar las críticas, es que no has pasado suficiente tiempo con Jesús, como para recordar el tesoro que Él es para ti y tú para Él, a pesar de lo que otros digan o esperen de ti.
Y si sólo presumes y te importa un cuerpo «perfecto», tu agenda llena, usar a a las personas (más que amarlas y perdonarlas), que nadie vuelva a lastimar tu corazón poniendo cerrojos alrededor, o la imagen de tu redes sociales con miles de seguidores (aunque por dentro sientes que no sabes ni a quién sigues en verdad)...
O sólo buscas inflar tu sueldo a costa de la honestidad y la verdad, mientras sigues llenando con adicciones o desorden un vacío que es más profundo, y sientes que no necesitas de nadie, ni de nada, porque tú te bastas, el dinero te basta, tus pertenencias te bastan; le has dejado al mal espíritu ganar un lugar, que sólo UNO puede tener.
Porque todo lo que te ha sido dado, como gracia y bendición, es para que todos volvamos a esa mesa de comunión y nadie se pierda el mejor banquete de la vida, ni se olvide de encontrar el verdadero tesoro que enriquece todo y a todos.
San Ignacio lo entendió como pocos hombres de su época. De caballero del mundo, pasó a ser caballero del Reino de Dios. ¡Ya no buscó sólo su gloria, más poder, más mujeres que conquistar! ¡Buscó ser libre para servir, y hacer del centro de su vida lo que apostara a la Mayor Gloria de Dios (A. M. D. G.)!
Nuestra alma y nuestro cuerpo, pueden estar bastante perdidos, rotos y podridos. Jesús sabía que esa Pasión la tenía que vivir por nuestra carne enferma.
Claro que nadie entiende, ni quiere dolor en su vida. Apenas con una gripa comenzamos a quejarnos. Pero este AMOR es un tesoro diferente. No es de este mundo, no actúa bajo los principios de este mundo («todo fácil», «que nada duela», «tu comodidad va primero»).
Y aquí es donde el camino para llegar al tesoro, pasa inexplicablemente por la Pasión, Muerte y Resurrección. La tuya, la mía; pero sobretodo la de Él.
«Mi amor no tiene límites.»
No es un amor para cuando todo va bien, no te enojas y no fallas. Es un amor para siempre, para sostenerte en los días malos, las enfermedad, la angustia y la tristeza, el quebranto, la frustración y las críticas, que seguro vendrán.
Mi amor no es el que salva a unos cuantos, perdona a unos tantos o bien portados.
¡Mi amor no tiene límites…y nunca lo tendrá!
Meditación personal sobre la Pasión EE.




El corazón va aprendiendo a estar con estos contrastes del corazón; los míos, los de otros, los del mundo. Sin querer cambiar o perfeccionar algo.
Con todo y esos contrastes, ¡qué amados somos!
Hemos llegado al tesoro, o quizás el tesoro siempre había estado ahí, tan cerca. Pero ahora podemos observarlo con un brillo que irradia hacia todo lo que somos.
Las lágrimas ruedan sobre nuestras mejillas, hay sonrisas, hay nueva vida y un nuevo año que nombrar y recorrer, con el tesoro que ha sido encontrado…
¡Mi amor no tiene límites y nunca los tendrá!


El silencio terminará, pero ¿cómo seguir haciendo espacio para ese tesoro en la vida ordinaria, no sólo 365 días del año, sino para la eternidad? ¿Cómo acoger lo cotidiano, como un llamado para en todo amar y servir, ahí donde estoy concretamente?
Continuará…
Con gran cariño, ¡feliz nuevo año!
¿Qué tesoro busca tu corazón este año?
Mariana López.
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Gracias a nuestro querido Jesuita, Luis Valdez, y a todos los Jesuitas cuya entrega y sí, sigue haciendo Reino en tantos lugares. ¡Dios los bendiga!
Gracias querido grupo, por hacer comunidad, hermandad, y oración unos por otros. ¡Sigamos encontrando y viviendo con el tesoro de la vida; Jesús!
Gracias a esta hermosa casa que me ha visto crecer en varias etapas de la vida y a todo el personal que trabaja con el corazón puesto en amar y servir, facilitando un encuentro con Dios. ¡Gracias de corazón!
Para más información, da click abajo:
¡Qué manera de comenzar el año!
Sin duda con grandes aprendizajes, pero sobretodo de la mano de Dios.
Que tú alma siga creciendo y dando fruto siempre.
A.M.G.D.
Muchas gracias Mariana por esta hermosa meditación. Que tu año esté lleno de bendiciones.
¡Gracias Mariana! Me quedo con algunas frases hermosas, la renovación que son los Ejercicios Espirituales es inmensa. ¡Gracias por compartir!