Espiritualidad, Inspiración, Nombra tu año

Parte 2: Nombrar un nuevo año. ¡Una vez descubierto el tesoro, cómo no perderlo y vivirlo en tu vida diaria!

Un día después de terminar Ejercicios Espirituales, comienza la gran aventura sobre cómo vivir con este tesoro encontrado, y no perderlo de vista 365 días…hasta la eternidad.

Mi corazón comienza a gustar los contrastes; del silencio al ruido de la música interminable en la playa (como si fuera tan incómodo quedarnos en silencio y escuchar simplemente las olas del mar). De estar sentada horas en una silla orando, a subir y bajar del cuarto del hotel para cambiarnos e irnos a jugar con las olas y hacer castillos de arena; de apagar el celular a comenzar a responder unos mensajes que ya no podían esperar; de la calma y quietud para observar la naturaleza, a la constante agitación del ser humano por construir algo más; de la contemplación a la acción.

Hago memoria, pues Jesús mismo lo expresó –«hagan esto en memoria mía.» Lc.22,19.- de todo lo recibido, vivido y sentido en lo profundo del corazón. Hago memoria de cómo nada, ni nadie, puede separarme de su amor. Hago memoria y siento la invitación: Estar con Él, nos lleva a los otros. Estar en comunión con Él, nos lleva a la comunidad.

La comunión nos lleva al cuerpo de Cristo, del que somos parte todos. A un cuerpo herido, sufriente, dividido, en constante conflicto y adolorido por sentirse lejos del AMOR.

Hago memoria…

«Estar con Él, nos lleva a los otros.
Estar en comunión con Él, nos lleva a la comunidad.»

Las olas bañan mis pies, y es esta gracia que llega para tocarnos siempre, la que no quiero olvidar o perder de vista. Miro esta infinidad de amor, atestiguo el milagro de su creación, su vasto deseo por hacernos sentir de alguna forma que siempre está cerca, aún en medio de mareas altas o inesperadas.

Observo a mis hijos jugar tan alegremente con las olas y la arena, y pido ese ingrediente para cuidar este tesoro: «Un corazón de carne, más que de piedra. Un corazón de niño: abierto al misterio, risueño, sencillo, sereno.»

«La vida aunque parezca callada, siempre nos está hablando.» Mi corazón asienta con esta verdad y está totalmente de acuerdo con la autora del libro que intento disfrutar, sentada frente al mar y los contrastes de la vida.

«La vida aunque parezca callada, siempre nos está hablando.» – Elsa Punset.

Rodeada de gente que no conozco y viene de todas partes del mundo, con todos los contrastes que podemos llegar a tener entre culturas; es donde curiosamente parece que nada nos divide. En la cena, en los shows, en la playa o mientras hacemos aquaeróbics con el divertido coach, pareciera que no hay una persona ajena, sino una comunidad. Y veo mamás como yo; intentando jugar, intentando tomar el sol, intentando disfrutar y conectar.

Me veo y los veo, todos en búsqueda de comunión.

Escribo sobre la arena todos esos nombres que lleva el corazón, la comunidad a la que nos llama. Pero Dios se rehusa a juzgar o condenar, antes que amar, y llega suavemente – incluso juguetonamente – a borrar todos esos nombres (incluídos los recuerdos del pasado) con agua salada y risas en la arena. Como si dijera: «¡Queda olvidado. Queda lavado. Queda borrado y perdonado! ¡Sal a vivir, que te estoy esperando!»

Me río y sigo caminando…¿qué mas puede uno hacer, ante tal declaración de AMOR?

¡Sal a vivir, que te estoy esperando!

Mi esposo y yo tomamos una noche para salir al balcón, mientras nuestros pequeños duermen después de un día lleno de emociones. Nos reímos, nos escuchamos en todo lo que el corazón sueña para este año, planeamos algunas decisiones y también le comparto sobre a lo que me siento invitada, después de este encuentro con Jesús.

Esta es mi comunidad sagrada que me ha regalado Papá Dios; mi esposo, mis hijos. Y este amado mío, me refleja este amor de Dios, me escucha, me aterriza cuando quiero ir más rápido de lo que puedo o debo. Y me sigue revelando, con su toque tan único y masculino, que Dios es amor, es comunión, es escucha, es equipo, y acompaña la vida entera, se la juega conmigo y me perdona setenta veces siete.

A mí me toca abrazar mi imperfección con gran ternura y compasión, así como el regreso a lo cotidiano y lo sencillo y enriquecedor que es vivir, cuando vamos junto a Dios.

Resuena toda la experiencia que viví en Ejercicios y llega como ola estruendosa y potente al corazón: «¡Dios te ama imperfecta. Su amor, no tiene límites!»

No es tanto que no falle, sino que mi corazón no se acalle en amar.

No es tanto que no me equivoque en algunas decisiones o actitudes este año, sino que aprenda a reírme más de mi misma y tome los aprendizajes con ligereza y menos juicio.

No es tanto que me tome tan en serio las críticas de otros (cargando con sus propias heridas y alejados del amor), sino que pida extra gracia y misericordia, porque soy parte de este Cuerpo de Cristo herido y dividido.

No es tanto que mi corazón no lleve grieta alguna, sino que aprenda a vivir y buscar la paz , aún en medio de los contrastes del corazón; el mío y el de los otros, hermanos y tan humanos como yo.

Pasamos una última tarde frente a este vasto misterio de amor y comunión. Y es Dios quien nombra mi año: «Nueva vida».

Porque esto es lo que cada día nos regala:

«Nueva vida, para más amarle y mejor servirle.»

«Nueva vida, para conocerle y entregarle todo, a todos.»

«Nueva vida para reír más, amar más, perdonar más, soltar más, disfrutar y agradecer más.»

«Nueva vida para preocuparme menos, enojarme menos, exigirme menos (estorboso) perfeccionismo.»

Y puedo exclamar con todo mi corazón y mi cuerpo: «Señor, dame de beber de esta nueva vida en ti.»

Dame, danos, nueva vida que se nutre en aguas profundas de tu amor y presencia. Un amor que no se agota y nos deja sedientas, hambrientas de comunión, excluidas de tu corazón.

Danos de beber este amor que nutre y llena de vida, incluso lo más profundo, herido y olvidado de nosotros…a tal grado, que no podamos evitar salir y anunciarte en la comunidad, en nuestro pequeño grupo, donde también podemos extender esta comunión de AMOR.

Llegamos a casa, piso feliz y agradecida mi tierra sagrada, abrazo mis labores cotidianas, comienzo a elegir aquello que nutra toda esta experiencia del Dios con nosotros.

Retomo mis clases de Biblia, mis comunidades de mamás, amigas y vecinas, que acompañan el camino. Atesoro con más cuidado mis ratos de silencio y oración, sean sola o en familia. Y comienzo a escribir, junto al Dios que tanto nos ama, sobre esta nueva vida que me ha regalado…pidiendo extra gracia, extra amor y extra sentido del humor para el camino.

¿Cómo nombras tú, este nuevo año?…

Con profundo cariño, Mariana López.

#AMDG

******************************

Te quiero compartir 2 canciones que reflejan esta experiencia vivida en Ejercicios Espirituales. Deseando tú también tengas un encuentro profundo con el único que llena el corazón, le da nueva vida; y vida abundante.

Y si quieres ir hacer Ejercicios Espirituales, aquí te dejo el enlace:

Casa de Ejercicios Puente Grande: http://ejerciciospg.com

One thought on “Parte 2: Nombrar un nuevo año. ¡Una vez descubierto el tesoro, cómo no perderlo y vivirlo en tu vida diaria!

  1. Karen Yanel dice:

    ¡Gracias por compartirnos lo que hay en tu corazón! Lo que transforma y ama en la vida humana y en la vida espiritual. ¡Gracias Mariana! ♥️

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *