Espiritualidad, Inspiración

¡Parte 2 – Mar adentro, con Dios!

Después de darle mi sí a remar mar adentro, Dios me toma en serio. Me lleva con Él, unos cuántos kilómetros del pico de Orizaba, a Chilapa, Veracruz. Una hermosa casa de retiro, escondida entre neblina, sería nuestro lugar de encuentro. Dios tiene un gran sentido del humor, pero sobretodo del amor, pues cual Buen Pastor sabe perfectamente lo que más necesita nuestro agitado o cansado corazón.

En medio de neblina, frío, y mucho cansancio, comenzó la restauración. Llenando mi vasija rota con cantos, con encuentros, con testimonios de otras mujeres, igual de perdidas y encontradas que yo, en su gran amor. Nos llena a cada mujer en el silencio; pero también en las pláticas mientras degustábamos sopas calientes, compartiendo buen humor, para calentar el cuerpo. Nos lleva mar adentro con su Palabra, que es viva y eficaz (Hb. 4,12.) en la que siempre, siempre, siempre vas a encontrar la respuesta que necesitas escuchar. Nos llena cuando le llevamos serenata, o es momento de recibir su gracia en la Eucaristía, o ver una película que toca profundo el corazón (acompañada de palomitas, chocolate caliente…ah y kleenex), o cuando nos detenemos simplemente a contemplar la maravilla de su creación.

Tres días, dos minutos, un solo encuentro, su paso; le bastan a Dios para llevarte mar adentro, más adentro, dentro de Él…en su gran amor. Dios sabe tocar tu corazón, como nadie, ni nada más lo hace.

Los rostros lo atestiguan, es esa paz que absurdamente buscamos en compras, likes, relaciones tóxicas, afirmaciones de otros sobre nosotros, hacer más o ser más, o estar libres de problemas, etc…

¿Cómo has intentado llenar esa paz, que sólo UNO te puede dar?…

 Es tan fácil, que nos cuesta trabajo entenderlo, más aún creerlo: ¡Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.” (Mt. 11, 28). “Y la paz de Dios, que supera toda inteligencia custodiará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús.” (Flp 4, 7).

¿En qué, o en quién, descansas realmente todo lo que llevas en tu sagrado corazón?…

 
Tres días, dos minutos, un solo encuentro, su paso;
le bastan a Dios para llevarte mar adentro, más adentro, dentro de Él…en su gran amor.
Dios sabe tocar tu corazón, como nadie, ni nada más lo hace.

El retiro es un volver a Él, a esa paz tan anhelada por todas y todos. Y ese medio para volver a Él, aún en medio de nuestras agitadas vidas, es la oración. La oración abre la puerta para estar con Él y sentir su paz.

Es esta práctica que todo humano necesita volver un hábito, así como se come, se baña y se lava los dientes. Es “enchufarnos a Dios”, diría una sabia maestra llamada Conchita. Orar es recargarnos de Él y de su gran amor por nosotras.

El último día me toca orar con Lizz, la organizadora de este retiro, la que con su no sólo ha llenado su corazón, sino ha sido canal para que muchos otros corazones se llenen de Dios también. Una joven llena de luz, de sentido del humor y del amor. El corazón descansa cuando encuentras a otras mujeres, remando como tú, mar adentro…y saben que no siempre es fácil. La oración nos une, nos da aliento para remar mar adentro, a veces solas, otras veces muy acompañadas, pero siempre guiadas por un amor que no nos suelta, aún en medio de las tormentas.

Regreso a casa, en medio de días de tormenta (con pequeños enfermos, listas de medicamentos, rutinas que cuidar, y un cansancio que rebasa mis fuerzas) pero sigo buscando ese encuentro, aunque a veces sea breve. Porque sólo en ese encuentro, me adentro en algo más grande que mi fragilidad, o autosuficiencia, o impaciencia. Me adentro en ese inagotable amor, que simplemente me dice: “¡Ven a mí!”

Lizz me envía este mensaje, días después del retiro:

 –“Vi esta imagen y me acordé de ti. Un abrazo.”

Imagen que compartió Lizz Escalante.

Mi corazón esboza una sonrisa…

Cual oveja perdida, voy a Él, dentro de Él, con Él, en este mar de la vida.

Y necesito seguir haciendo de este encuentro, un hábito. Pues son los remos que me sacan adelante.

Cierro mis ojos, bastante agotada por el oleaje de estos días, mientras me dispongo para remar. Pero es Él quien ya está arriba de mi barca (de mi día, de mi cansancio, de mi autosuficiencia) y me dice: Quiero ser tu TODO, en TODO…¡Ven a mí!”

¡Aquí estoy Jesús, vamos mar adentro!”

O también podemos expresar la versión de una amiga, que me ha encantado por honesta: “¡Chale, no te entiendo Jesús, pero confío en ti!”

Sólo en ese encuentro, me adentro en algo más grande que mi fragilidad,
o autosuficiencia, o impaciencia.
Me adentro en ese inagotable amor, que simplemente me dice: “¡Ven a mí!”

El mar de la vida puede parecer agitado, pero sé quién va conmigo, remando, cuidándome, pero sobretodo amándome cuando mis fuerzas no alcanzan para ir mar adentro. Es Él quien en su infinito amor, nos lleva más adentro…a un verdadero encuentro con Él.

La noche cae, el cansancio cae, la autosuficiencia cae (al menos un poco hoy), todo rendido ante este amor que me ayuda a confiar un poco más, mientras voy mar adentro…más adentro con Él.

Con gran cariño, deseando que esta Cuaresma vayas mar adentro, más adentro con Dios, hecho hombre, que te ama con locura y te puede dar el verdadero descanso que necesita tu corazón. ¡Ve a Él!

Mariana López.

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Si deseas más información de los Retiros del Apostolado Ruah que dirige Lizz Escalante, síguelas en Instagram para conocer sus próximas fechas:

Ruah Apostolado

Lizz Escalante

Un pensamiento en “¡Parte 2 – Mar adentro, con Dios!

  1. Angelina Muñiz Liedo dice:

    Mi querida Mariana, ¡qué hermoso lugar! Muchas gracias por compartirme tu profunda e inolvidable experiencia, y tus bellísimas fotos. Me transporté en espíritu para estar allí, contigo, con Jesús y con la Virgen, navegando mar adentro en el oleaje cambiante de la vida y con inmejorable compañía. Un abrazo.

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